La entrevista más difícil de mi carrera
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La entrevista más difícil de mi carrera

Como periodista debes afrontar retos día a día para sobresalir en el medio, yo me enfrenté a muchos, pero hubo uno que me costó lágrimas y frustración. Cuando apenas escalaba poco a poco en el ámbito deportivo, me tocó realizarle una entrevista a Ronda Rousey, quien en ese momento estaba en la cima de su carrera, venía de vencer a Cat Zingano y era considerada la mejor atleta del mundo. Yo estaba muy emocionado como profesional y como fanático de las Artes Marciales Mixtas. Además de que había sido mérito propio el haber conseguido charlar con ella aunque sea sólo por vía telefónica. Pero fue más difícil de lo que imaginé.

Sé hablar y escribir en inglés, pero no me considero un experto, quizá estoy en un nivel avanzado pero conocía mis limitantes. Ya había realizado varias entrevistas en persona y por teléfono en inglés, pero nadie de la talla de la coleccionista de brazos. Moría de nervios y en cuanto sonó mi celular comencé a temblar, pues eran los de la UFC quienes enlazarían la llamada con la que en ese entonces era la Campeona peso gallo. Le entendí a la perfección a la señorita que me atendió, entonces escuché la voz de Rowdy.

Comencé con preguntas muy sencillas y ella respondía breve, entendía pero noté que su acento era como el de las personas de color, quienes hablan de una forma barrida y rápida, como arrastrando las palabras, y siempre he tenido un serio problema para entenderles. Después de tres preguntas, comencé con las que creía más complejas e inició mi calvario. Ya no le entendía nada, se explayó más en sus contestaciones y no lograba captar sus ideas, lo que me puso aún más nervioso. Recuerdo que lo último que le entendí fue “Yeah, I was looking homes for sale in San Diego to stay near of my gym…” y ya. Seguí haciendo preguntas por inercia, pero mi mente sólo pensaba: ¿Cómo voy a traducir algo que no entiendo? Por suerte estaba grabado, porque si de mi memoria dependiera, no hubiera entendido nada de nada.

Al colgar, pues sólo me habían dado siete minutos, los cuales se redujeron a cinco y medio o seis porque ya no podía con la presión, decidí escuchar la grabación y resultó lo que esperaba. No entendía ni una sola palabra, bueno, una que otra pero no lograba captar la idea completa. Comencé a estresarme, a frustrarme hasta que me solté a llorar. Mi madre me preguntó que por qué lloraba, si sólo era una entrevista. No entendía que era la entrevista más importante de mi carrera hasta ese momento. Entre lágrimas traduje todo lo que pude, casi nada. En todo el día no tenía una nota para entregar.

Entonces se le ocurrió la grandiosa idea a mi madre de llevarme con uno de sus conocidos, quien había vivido en el gabacho y tenía el acento pocho, él fue mi salvavidas, logró traducirme la entrevista, a excepción de algunas palabras que por la calidad de la llamada se escuchaban cortadas. Al final la nota salió, costó demasiado trabajo pero la vi en la portada. Un gran logro.