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El accidente que lo cambió todo

Nunca sabes cuándo es que el destino te sorprenderá y pondrá delante de ti el reto más difícil de tu vida. Cuando esto sucede hay dos opciones, dejar que el desánimo te domine y esperar sin hacer nada a que tu vida termina o levantarte y tratar de lograr nuevos objetivo, trazarte nuevas metas. Esto fue lo que sucedió conmigo después de sufrir un accidente que cambió por completo mi existencia.

Actualmente tengo 19 años y me voy a remontar a cuando tenía 15. Me encontraba entrenando para ser clavadista, uno de mis más grandes sueños desde que tengo memoria, no tuve la suerte de entrar como prospecto a la Delegación Mexicana de Natación, por lo que me puse a entrenar en una escuela privada para probar suerte más adelante. Me la pasaba mañana y noche entrenando, mejorando mis habilidades y mi coach me dijo que estaba sorprendido con mi crecimiento, incluso creía que ya estaba listo para entrar a la Federación Mexicana de Natación.

Justo en el mejor momento de mi preparación, cuando estaba más motivado y confiado que nunca, el cargamento de un tráiler cayó sobre la camioneta en la que viajábamos mi madre y yo. Recuerdo que nos dirigíamos a una competencia en Cuernavaca, Morelos, donde iba a estar visores de la Federación, cuando enfrente de nosotros estaba el vehículo de carga y observé el momento en que varios flejes se desprendieron y parte de la carga se fue por un lado, y otra hacia atrás, hacía mi auto. Los doctores dicen que fue un milagro que saliéramos vivos, pero mis piernas y espalda sufrieron un daño irreparable. No podría volver a caminar. Mi sueño de ser un clavadista y disputar unos Juegos Olímpicos representando a mi país se habían desvanecido.

Cuando me dieron de alta y llegué a mi hogar, no tenía ganas de ver a nadie y en ocasiones ni de vivir, no quiero seguir en un mundo donde tenía que ver como otros jóvenes cumplían mi sueño y yo me quedaba postrado en una silla o en mi cama. Mi madre tuve roturas de huesos, pero más allá de eso no había sufrido algún daño permanente. Ella me decía que luchara por ir a unos Juegos Paralímpicos, que aún podía hacerlo en algún deporte, pero yo no quería.

Así estuve por muchos meses, hasta que un día mi madre me llevó al hospital y ahí conocí a un chico que quedó paralizado del cuello para abajo tras sufrir una aparatosa caída, él me contó que su máximo sueño era jugar futbol y ya no podrá hacerlo. Estaba en las Fuerzas Básicas de un equipo muy famoso en México. Siempre hay alguien peor que uno, pensé. Pero yo estaba peor que él, pues él sí quería vivir, luchar y salir adelante. Desde ese momento quise tomar unas sesiones con un especialista que me ayudara a superar mi estado y después iba a apoyar a más personas que estuvieran en una situación similar.

Ahora apoyo a jóvenes y adultos que se siente decaídos, sin ganas de vivir, les comparto mi experiencia y juntos tratamos de salir adelante.